Si la evolución se mide por la capacidad de perpetuar la vida y mantener los sistemas que la sostienen, lo que estamos haciendo no es evolucionar, es involucionar. Hemos tomado la herramienta que nos dio ventaja (la inteligencia para transformar el entorno) y la hemos convertido en un arma apuntando a nuestra propia base de sustento.
Analicemos esa contradicción tan humana.
1. La asincronía mortal
Hemos hablado de que nuestra evolución cultural es rapidísima y nuestra evolución biológica es lentísima. Pero hay un tercer factor: la naturaleza tiene sus propios tiempos. Los ecosistemas tardan miles o millones de años en construir equilibrios complejos (una selva, un arrecife).
Nosotros, con nuestra capacidad de transformación, estamos rompiendo esos equilibrios a una velocidad que la naturaleza no puede asimilar. No le damos tiempo a repararse.
No es solo que contaminemos; es que lo hacemos tan rápido que la selección natural no puede producir "bacterias que digieran plástico" al mismo ritmo que nosotros fabricamos plástico.
2. El "éxito" que devora su base
En ecología hay un concepto llamado "éxito reproductivo desbocado". Ocurre cuando una especie, por eliminar a sus competidores o depredadores, crece sin control hasta agotar su propio alimento.
Los ciervos en una isla sin lobos comen todo el musgo y luego mueren de hambre. Nosotros somos esos ciervos, pero con tecnología global.
Hemos sido tan "exitosos" (en número, en consumo, en expansión) que estamos liquidando los sistemas que nos permiten vivir:
· Alteramos el clima (y luego sufrimos las tormentas).
· Envenenamos el agua (y luego nos quedamos sin agua potable).
· Agotamos los suelos (y luego hay hambrunas).
Es como si un carpintero, en su afán de construir la casa más grande, empezara a cortar las vigas que la sostienen.
3. El conocimiento sin sabiduría
Y esto es lo más trágico "sabemos las consecuencias". No es ignorancia, es una disociación.
Sabemos que quemar combustibles fósiles calienta el planeta. Lo sabemos desde hace décadas.
Sabemos que talar el Amazonas afecta las lluvias. Lo sabemos.
Pero seguimos.
¿Por qué? Porque nuestro sistema de "evolución cultural" (la economía, la política, los hábitos) está programado para el corto plazo. El mercado quiere beneficios este trimestre. El político quiere ser reelegido en dos años. El ecosistema, en cambio, funciona en décadas y siglos.
Hay un desajuste de escalas temporales entre nuestra forma de organizarnos y la forma en que funciona el mundo natural.
4. ¿Dónde queda la inteligencia entonces?
Los animales (el tiburón, el cocodrilo) no tienen nuestra capacidad de abstracción, pero tienen algo que nosotros estamos perdiendo: un mecanismo de freno integrado.
Cuando un depredador mata demasiadas presas, se queda sin comida y su población disminuye. Es un ciclo automático. Es brutal, pero funciona.
Nosotros hemos saltado ese ciclo. La tecnología nos permite seguir consumiendo aunque el recurso se agote (pescamos el último atún con sonar y redes de cerco). Hemos roto la retroalimentación que mantiene los equilibrios naturales.
5. Entonces, ¿estamos condenados?
No necesariamente, la única salida posible: la conciencia y la acción colectiva deliberada.
A diferencia del ciervo o del tiburón, nosotros podemos anticipar las consecuencias. Podemos decidir, aunque duela, poner frenos.
El problema es que esa capacidad de anticipación choca con la inercia de los sistemas que hemos creado.
La "pretendida evolución" solo será verdadera evolución si logramos dar el siguiente paso:
· De especie dominante a especie consciente de sus límites.
· De explotadores del planeta a administradores del planeta.
Los tiburones no necesitan administrar nada porque su diseño ya encaja. El nuestro, el de la inteligencia y la libertad, requiere un plus: responsabilidad. Y esa responsabilidad es la que estamos eludiendo, a pesar de saber las consecuencias.
Al final, la pregunta que flota es: ¿Seremos lo suficientemente inteligentes para usar nuestra inteligencia para frenarnos a tiempo? Porque de nada sirve tener tratados filosóficos, novelas fantásticas e informática si olvidamos que todo eso descansa sobre un suelo fértil, un clima estable y unas aguas limpias.
JuanAntonio Saucedo Pimentel