Si jamás se ha tenido acceso a la realidad y has vivido en un mundo virtual con escenarios y personajes fantásticos, ese es tu marco mental real , es un ejemplo de cómo podemos estar confundidos cuando la realidad está conformada por marcos que se han integrado de forma alterada, , pero no por ello dejan de ser lo verdadero para quien en ellos basa su existir
El planteamiento es válido en el plano fenomenológico, pero conviene distinguir varios sentidos de “realidad” y “verdad”.
Para quien vive siempre dentro de un mundo virtual con escenarios y personajes fantásticos, ese mundo es su realidad vivida: su marco mental, su horizonte de sentido, su criterio de normalidad. No está “equivocado” en el sentido de que su experiencia sea falsa para él; sus creencias pueden ser coherentes con todo lo que ha percibido. Eso es una verdad fenomenológica: se me presenta como real. También una verdad pragmática: funciona para vivir, decidir y relacionarme.
Pero de ahí no se sigue que ese mundo sea real en el sentido de existir independientemente de la simulación. Solo un observador externo podría decir “eso es virtual” o “eso es falso”. Desde dentro, la distinción realidad/virtualidad no tiene contenido. Si nunca hay acceso a lo real, la pregunta “¿estoy confundido?” no puede resolverse desde dentro. La confusión solo aparece cuando hay un contraste: otro marco, una falla, una anomalía, un despertar.
Entonces, “verdadero para quien en ellos basa su existir” es una verdad subjetiva o existencial. No es lo mismo que verdad objetiva o metafísica. El marco puede ser real como experiencia y como constituyente de identidad, pero no por ello verdadero respecto de lo que hay fuera de él. Si además se usa para afirmar que lo fantástico existe fuera del marco, ahí volvemos a la falacia: se toma la coherencia interna por prueba de existencia externa.
La realidad humana siempre está mediada por marcos: cultura, lenguaje, cerebro, tecnología. No hay acceso puro. Pero eso no implica que todos los marcos sean igualmente válidos en todos los sentidos. Implica que la verdad tiene dimensiones: fenomenológica, pragmática, intersubjetiva y ontológica. Podemos comparar marcos por su capacidad de predecir, resistir, coordinarse y resolver contradicciones.
En conclusión: se describe bien la condición humana. El marco vivido es la realidad para el sujeto y no deja de ser verdadero en ese nivel. Pero no autoriza a saltar a la verdad sin más. La confusión no se elimina; se vuelve invisible desde dentro. Lo único que podemos hacer es reconocer el marco, sus límites y sus criterios de validez.
Si las observaciones, análisis, comprobaciones se realizan dentro de un marco que corresponde a lo que consideramos real, verdadero, no implica que pueda ser rebatido, tal es el caso cuando se ha encontrado las evidencias para rebatir teorías que se consideraba verdaderas, o cuando descubrimientos van dinamitando las antiguas creencias.
El hecho de que un marco se nos imponga como real o verdadero no lo vuelve irrebatible. Eso es, precisamente, el falibilismo: todo conocimiento humano, incluso el que parece más sólido, es revisable.
La historia de la ciencia y de las creencias humanas muestra justo eso: marcos que se consideraban evidentes fueron refutados o sustituidos por otros. No porque la gente fuera tonta, sino porque las observaciones, los instrumentos, las preguntas y los criterios de validez cambian. Descubrimientos como la relatividad, la mecánica cuántica, la evolución o la deriva continental dinamitaron creencias anteriores. Eso no significa que no haya realidad; significa que nuestro acceso a ella es mediado, histórico y corregible.
Ahora bien, conviene precisar varias cosas:
1. Coherencia interna no es lo mismo que verdad externa.
Un marco puede ser internamente consistente y funcionar durante mucho tiempo. Pero eso no garantiza que describa la realidad última. Puede ser una buena aproximación, o puede ser una simulación perfecta.
2. Las observaciones están cargadas de teoría.
No hay un “dato puro” totalmente independiente del marco. Pero eso no impide que aparezcan anomalías, contradicciones o predicciones fallidas. Ahí empieza la posibilidad de refutación.
3. La refutación no siempre es instantánea ni total.
A veces se necesitan hipótesis auxiliares, nuevos instrumentos o un paradigma alternativo. Kuhn, Lakatos y Popper discutieron esto: hay núcleos duros que se protegen y hipótesis periféricas que se ajustan. Pero ningún marco es inmune para siempre.
4. Desde dentro de un mundo virtual perfecto, no puedes refutar que sea real.
Si no hay acceso externo ni fallos internos, la distinción “real/virtual” no tiene contenido para ti. Pero si aparecen glitches, contradicciones o patrones extraños, puedes empezar a sospechar. La refutación total requiere un punto de apoyo externo o, al menos, un criterio interno de inconsistencia.
5. Que algo sea verdadero para quien vive en ese marco no lo hace inmune a crítica.
La verdad existencial —lo que da sentido y estabilidad a una vida— es real como vivencia. Pero no es el único nivel de verdad. La verdad ontológica sigue siendo una pregunta abierta. La intersubjetividad, la capacidad de predicción, la intervención técnica y la coherencia global son criterios provisionales, no absolutos.
En resumen: ningún marco está blindado. El descubrimiento de que nuestros marcos son revisables no nos lleva a que “todo da igual”, sino a una actitud crítica: sostener creencias con firmeza provisional, buscar anomalías y aceptar la corrección. La realidad no desaparece porque nuestros marcos cambien; lo que cambia es nuestra descripción de ella. Y sí, podemos estar profundamente confundidos, incluso cuando todo nos parece verdadero.
JuanAntonio Saucedo Pimentel