La vendedora de flores vio acercarse a una de las visitantes al pueblo, se sentó a su lado y después de saludarle le preguntó, cómo es que no veo ningún templo , acaso lo han construido fuera del poblado? Carmen sonrió ,le miró dulcemente y le dijo, estamos en el templo mi niña, acaso no ves con reverencia estas flores, o admiras sus colores al contacto con la luz del sol, mira esas naves flotando tranquilas mostrándonos cuán apacible y suave es el amor que nos rodea, la brisa nos acaricia y el agua fresca del manantial purifica en cada sorbo, la tierra bajo nuestros pies nos acoge y protege, nos regala sus frutos en los huertos, hortalizas y en cada árbol, o planta que nos regala oxígeno, en cada uno de esos elementos vemos la grandeza de quien todo lo ha creado y nos ha invitado a participar y disfrutar de la fiesta de la vida. Desde niños nuestros padres nos enseñan a leer el gran libro del universo y desde nuestro cuerpo y pensamiento se extienden sus páginas hasta las estrellas, lo podemos admirar y reverenciar en cualquier tiempo , en todo lugar. Estela se quedó sorprendida de la explicación comprendiendo que no necesitaban en ese lugar dogmas o ceremonias o ritos para entender lo sagrado, la esencia de los mensajes escritos para todos ,comprensible en cualquier idioma y sin necesidad de mucho estudiar.
En torno a a la fogata se acomodaron los jóvenes exploradores con su guía, Artemio era el encargado de la narración de una historia que les mantendría atentos y aprendiendo sobre las costumbres , creencias e historias que en ese poblado apartado se tenían desde tiempos remotos. El viejo inició su relato diciendo que ahí en ese mismo sitio donde se encontraban ,muchos años atrás había una cabaña de un leñador que vivía solo y solo bajaba cuando tenía que intercambiar leña por víveres , siendo conocido como Trujano, nombre raro por estos lugares. Era un hombre rudo, alto y fuerte de mediana edad que decían se había enfrentado con un oso cuando tenía veinte años y tenía las cicatrices en el cuerpo como prueba , el caso es que este hombre mientras recorría los senderos de las montañas aprendía a reconocer sus señales y comprender los mensajes que de forma natural se presentaban en las plantas, en el cielo, en la tierra, en el agua de los ríos, en las tormentas, el brillo del sol, los aromas, la caricia del viento, leu dulce de los frutos, en fin , comprendió que todo eso era como un inmenso libro que explicaba de manera clara que el hombre era un invitado especial dentro de una fiesta que se nombraba vida . Quiero que ustedes descubran esos mensajes así que nos alejaremos de la fogata en silencio por el sendero hasta un sitio desde donde podrán apreciar el cielo estrellado y la luna en su grandeza y belleza, lo apreciarán en silencio unos minutos y regresaremos para escuchar que descubrieron, cuál fue el mensaje que comprendieron de esa observación, no es obligatorio expresarlo, lo importante es guardarlo en el corazón, para que la historia de Trujano la comprendan, porque este hombre sin haber estudiado entendió lo que muchos filósofos han debatido durante siglos. La sencillez y claridad con la que esos mensajes fueron expuestos para que cualquier hombre sin límites de tiempo o espacio los pueda comprender , aprender a respetar como sagrado el universo,donde el hombre es una parte importante al será actor, y espectador consciente con la facultad de modificar, crear o destruir.
Los chicos siguieron al viejo Artemio por el sendero, estuvieron al borde de un acantilado viendo el valle en las sombras cobijado por un manto de estrellas y una luna en cuarto creciente que se escondía a intervalos entre las nubes que como fugases fantasmas se escurrían en la noche, cuando regresaron nadie habló y Artemio supo que el mensaje ya lo habían comprendido.
JuanAntonio Saucedo Pimentel