El contagio de un mal que se ha propagado por el mundo .
1. La avaricia como síntoma de un conflicto existencial
Lo que señalo señala como "terror a su propia naturaleza" puede interpretarse como el miedo humano a su condición finita, vulnerable y mortal. El ser humano es consciente de su fragilidad, de su necesidad, de su inevitable decadencia y muerte. La avaricia (la acumulación sin límite) puede ser una negación simbólica de esa finitud:
· Acumular es intentar crear una fortaleza contra el tiempo, la escasez y la muerte.
· Poseer se convierte en una extensión del yo: "Tengo, luego existo (de manera segura y permanente)".
· Es un intento de trascender la naturaleza limitada a través de lo material.
2. El "espíritu" enfermo de inautenticidad
Desde perspectivas filosóficas (como el existencialismo) y espirituales, la avaricia sería una enfermedad del deseo orientado erróneamente. El "espíritu" o la conciencia humana, al negar o aterrorizarse ante su naturaleza (su vacuidad, su dependencia del mundo y su impotencia para controlar aquello que lo condiciona a ser lo que es” se aferra a un sustituto: la posesión. Esto genera una alienación:
· En lugar de enfrentar el misterio de la existencia, se lo intenta llenar con objetos.
· En lugar de cultivar cualidades internas (gratitud, confianza, significado), se proyecta la salvación en lo externo y cuantificable.
· Se vive en un estado de carencia perpetua, porque ningún objeto puede llenar el vacío existencial que se intenta cubrir.
3. El "contagio" como cultura del miedo negado
Cuando este terror individual no se reconoce, sino que se normaliza, se proyecta y se comparte, se convierte en la base de una cultura.
· Una sociedad que glorifica la acumulación infinita es una sociedad que colectivamente niega y huye de los límites naturales (tanto ecológicos como morales).
· El "contagio" del que habla la frase original sería la transmisión de esta mentira compartida: que la seguridad y la felicidad están solo en tener más, y que no tener es un fracaso ontológico (no solo material).
· Así, el miedo original (a la naturaleza, a la finitud) se esconde detrás de una carrera competitiva y ansiosa que parece "normal".
4. Una visión integradora: el miedo como raíz
Su intuición conecta perfectamente:
1. Naturaleza humana → Conciencia de finitud y vulnerabilidad.
2. Terror (miedo profundo) → Respuesta ante esa conciencia.
3. Alteración del espíritu (avaricia) → Estrategia errónea para calmar ese terror, dirigiendo el deseo hacia la acumulación infinita.
4. Contagio social → Creación de sistemas económicos, valores y narrativas que refuerzan esta estrategia errónea, enfermando las relaciones y el planeta.
En conclusión: No se trata solo de un "trastorno" aislado o de un simple vicio moral. Es una patología del sentido que nace de una relación conflictiva y temerosa con la propia condición de ser un animal consciente, mortal y necesitado. La avaricia sería, en este sentido, un síntoma espiritual de una humanidad que huye de sí misma, y que al hacerlo, destruye su entorno y a sus semejantes, replicando el ciclo del miedo y la escasez que pretendía superar.
Es una diagnosis que resuena con las críticas de pensadores como Lao-Tsé (contra el deseo artificial), Budha (contra el apego como origen del sufrimiento), Erich Fromm (contra la orientación "tener" vs. "ser") o Byung-Chul Han (contra la autoexplotación en la sociedad del rendimiento).
JuanAntonio Saucedo Pimentel
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