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martes, 3 de marzo de 2026

Libertad

 Perfecto…

bajamos las luces.

Una guitarra empieza a vibrar.

Y tu texto se convierte en manifiesto.


🎸 CADENAS INVISIBLES (versión spoken word – rock)


En la simplicidad

hay algo peligroso…


libertad.


Pero no la queremos desnuda.

No.

La vestimos de reglas.

La atamos con normas.

Le ponemos nombre, firma y sello.


Y luego gritamos:


— ¡Queremos ser libres!


Nos ponemos cadenas…

para después escribir canciones

sobre cómo romperlas.


Qué genios somos.


Inventamos leyes

para protegernos del miedo.

Creamos jueces

para vigilar nuestras sombras.

Levantamos tribunales

como templos modernos

donde lo “legal”

se confunde con lo justo.


Y cuando la solución

se convierte en problema…


decimos:


— Es la ley.


Y descansamos tranquilos.


Porque es más fácil obedecer un papel

que escuchar la conciencia.


Nos encanta la discusión eterna,

la justificación elegante,

la nueva reforma

que corrige la anterior

que corregía la otra

que corregía la primera.


Círculo perfecto.

Sistema perfecto.

Jaula perfecta.


¿Quién la diseñó?


Tal vez nadie.

Tal vez todos.


Nos asusta el vacío.

Nos asusta decidir sin permiso.

Nos asusta ser responsables

sin poder culpar a otro.


Entonces inventamos presión.

La llamamos orden.

La llamamos progreso.

La llamamos civilización.


Y mientras tanto…


soñamos con alcanzar las estrellas.


Pero no podemos ni soltar

las cadenas que nosotros mismos

fabricamos.


Qué buenos somos

para convertir la luz

en reglamento.


Qué virtuosos

para disfrazar el miedo

de sabiduría.


Y aun así…


en la inocencia verdadera,

en la simplicidad sin teatro,

sigue existiendo algo indomable.


Algo que no firma decretos.

Algo que no pide permiso.


Libertad.


No la que grita.

No la que acusa.


La que simplemente

es.




Nos enseñaron

a buscar la libertad.


A marchar por ella.

A gritar por ella.

A morir por ella.


Pero nadie nos dijo

que tal vez…


la estábamos perdiendo

en el mismo instante

en que comenzamos a definirla.


Porque cuando la nombras,

la limitas.


Cuando la reglamentas,

la reduces.


Cuando la conviertes en bandera,

la enfrentas.


Y entonces luchamos…

por ideas de libertad

que ya vienen con condiciones.


Creamos sistemas.

Creamos jueces.

Creamos leyes.


Y cuando nos oprimen,

decimos que es necesario.


Cuando nos benefician,

decimos que es justicia.


Y así seguimos,

construyendo estructuras

para sentirnos seguros

mientras hablamos de alas.


Pero escucha esto…


La libertad no hace ruido.

No necesita testigos.

No necesita permiso.


No es consigna.

No es decreto.

No es victoria política.


Es un estado.


Un estado tan simple

que pasa desapercibido.


Porque…


la libertad existe

solo cuando ni siquiera te das cuenta

de que la vives.


Cuando actúas sin miedo

y sin cálculo.

Cuando eliges

sin sentir el peso

de estar eligiendo.


Cuando eres,

sin narrarte.


Ahí no hay cadenas.

Porque no hay conciencia

de prisión.


Y tal vez esa sea

la ironía más grande:


que la buscamos

como si estuviera lejos,

cuando solo aparece

cuando dejamos de perseguirla.



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