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jueves, 12 de septiembre de 2013

Adolescente

Adolescente
   Cuando llegué a esta etapa de mi vida fui como la mayoría de los de mi generación, viviendo entre los ecos de una guerra que afectaba al planeta, el idealismo, la música de los Beatles, el fútbol, las fiestas en el vecindario, los encuentros con amigos y amigas para charlar , organizar un paseo o jugar, el estudio y en mi caso también el trabajo porque no podía darme el lujo de que alguien pagara mis estudios, aunque para entonces ya mis hermanos también aportaban ingresos a la casa y era un gran alivio contar  con algunos fondos para mis propios caprichos.
Fue una época de muchas risas, alegría, aventura, descubrimientos, sobre todo en lo que se refiere a la relación con el sexo femenino y la increíble experiencia del primer beso.
  La vida gira ciento ochenta grados, los antiguos paradigmas se borran repentinamente y surgen las inquietudes sexuales , la rebelión a lo establecido, el ideal de ser algo mas que un simple juguete del sistema político social económico que obedece a influencias extranjeras bajo la tutela de lideres corruptos.   Afortunadamente no me embarque en esas luchas que al final no llevaron a nada, estaba demasiado ocupado entre el deporte, los estudios, el trabajo y la nueva e incomparable relación con una joven con rostro de ángel y ojos que me hacían olvidar en que planeta vivíamos.
 Lo mejor de cada día eran las noches cuando podía ir a visitar a mi novia, sentirla cerca, escuchar su voz, percibir su aroma, abrazarla, besarla y sentir que ella me amaba intensamente, la emoción perduraba como una droga hasta la siguiente noche y así sucesivamente sin sentir como van transcurriendo los días, semanas, meses y en nuestro caso años algunas veces interrumpidos por la intervención de los padres o por las condiciones de estudio y trabajo.  
  Con los amigos las cosas eran de lo mejor, jugar, hablar de mujeres, de los deportes, ir a dar serenatas, escuchar música en casa de alguno que tuviera un buen aparato de sonido, discutir de los aconteceres en la política internacional y del país, contar chistes y hacernos bromas algunas muy pesadas.  Una de ellas la recuerdo perfectamente, nos fuimos a la azotea de un edificio donde alguien había descubierto que desde ese sitio se veía perfectamente lo que acontecía en el departamento de una mujeres fáciles que atendían ahí a sus clientes sin preocuparse de cerrar cortinas o apagar luces. Como en un teatro tomamos asiento entre los tinacos de agua y nos dispusimos a ver la función que resulto ser muy interesante desde el principio ya que al no escuchar lo que decían nuestra imaginación inventaba los diálogos, algunos los decíamos en voz alta y reíamos por la picardía o ironía que poníamos en cada dialogo, debo de admitir que yo era uno de los que mas inventaba, pero conforme fue avanzando la función me fui quedando mudo, la excitación fue dando lugar a mi razonamiento, mis sentidos empezaron a confundirse al ver esa magia que desplegaban las mujeres para dar placer a esos hombres que solo estaban pagando sus servicios, era algo difícil de comprender, como podían fingir con tanta naturalidad algo que supuestamente era intimo y exclusivo de los amantes, el descubrimiento fue un duro golpe a mis ideas sobre las relaciones entre hombres y mujeres, el sexo y el amor. Entre estos pensamientos, sentimientos, emociones me quede abstraído por completo y cuando terminaron y despidieron a los clientes las dos mujeres aun casi desnudas me volví a mis amigos para decirles que el show ya caducaba , hora de marchar a seguir el juego que habíamos interrumpido, porque para nosotros no era impedimento la noche, jugábamos en un pequeño patio alumbrado por las farolas aun cuando no ha de haber sido algo muy agradable para los vecinos en ese entonces, ahora creo que lo verían como indicación de seguridad y de buen ambiente en su vecindario.
 A partir de esa noche se formulo en mi la pregunta de los sesenta y cuatro mil pesos ¿cómo saber cuando una mujer no estaba fingiendo amor?  Mis amigos encontraron fácilmente la respuesta ¡no te cobra pendejo!
Nos reímos y la incógnita había sido fácilmente resuelta, no había mas acertijos en eso del amor, todo era claro como el agua, una mujer que ama se entrega sin reservas, sin condiciones, dispuesta a compartir lo bueno y lo malo, a ir a donde tu vayas , si yo la amaba era justo corresponder del mismo modo, hacer todo lo posible para que ella fuera feliz. La cosa parecía bastante sencilla, ¿entonces por qué había tantos matrimonios desintegrados, tanta violencia en las familias, historias que trasmitían dolor, rencor, engaños, desilusiones, sin duda la formula del matrimonio no estaba funcionando, la del amor tenia grandes fallas y la del la fidelidad estaba en serios problemas.  Yo seria diferente, entablaría una relación basada en la sinceridad, el respeto, apoyo, buena comunicación, amor, mucho amor.  Lo que no tomaba en cuenta es si la contraparte haría lo mismo, pero estaba seguro de que si , no había razón para dudarlo, yo era un buen partido, trabajador, buen estudiante, responsable, sin vicios, deportista, simpático y alegre siempre dispuesto a disfrutar de la fiesta y el baile, además no era feo.   
La vida me demostraría que todas esas cualidades no las percibían todos de la misma manera, que había serios obstáculos y diferencias, las clases sociales, económicas podían dirigir una relación en un sentido u otro, yo no provenía de una familia rica ni de alcurnia, no poseía mas que mi potencial aun no explotado y las probabilidades no son parte de lo que la gente quiere estudiar cuando se trata del futuro de sus hijos, en tal caso la relación con mi novia se vio enturbiada cuando los padres de ella se preocuparon por su bienestar, le prohibieron verme y me amenazaron para que me alejara.
No fue el único descalabro serio que sufriría para hacerme reaccionar sobre la realidad y lo que significaba pertenecer a una clase pobre.
Venir desde ser campesino, obrero, empleado de tienda, y capacitación para el trabajo  en escuela técnica no era significaba nada frente a los que provenían de buenas familias, con estudios universitarios y con muy buenas recomendaciones, de ese modo la intención de conseguir un empleo dentro de compañías de prestigio era casi imposible para gente como yo.
En cierta ocasión que hice una solicitud de empleo en Banamex, el entrevistador, un tipo de unos cincuenta y tantos años, después de haberme hecho esperar mas de dos horas me dio una paliza verbal, seguramente descargando sus propias frustraciones y su coraje al ocupar un puesto indigno para lo que el pretendía, eso imagino, porque me dijo que yo era un tonto que no estaba bien preparado, que no tenia buenas referencias, sin experiencia para el puesto solicitado, con nula posibilidad de competir con gente que tenia estudios avanzados, entre otras cosas, yo me cerré a sus palabras, a los primeros golpes verbales me ausente de su presencia, lo vi gesticular y alterarse sin inmutarme y me retire cuando le vi alzar el brazo y señalar la salida sin dirigirle una palabra.  Me pregunte como pretendían que tuviera experiencia si no me daban oportunidad, me habían negado la beca prometida desde la secundaria para asistir a la universidad , de nada sirvió haberme esmerado por alcanzar los primeros lugares en aprovechamiento, nunca se otorgo las becas ni explicación alguna de la razón por la que no las recibimos.  Dentro de mi había nacido el deseo inmenso de demostrar que gente como ese tipo estaban equivocados, de lo cual me alegro, porque fueron esos golpes los que me hicieron ser mas fuerte y mas perseverante en alcanzar mis objetivos. 
Continue estudios en la Preparatoria Popular Socialista, me enrole en las peticiones y protestas para que el sistema educativo acreditara nuestros estudios y permitiera realizar los tramites para ser admitidos en la UNAM.  fueron años de agitación y de lucha, pero sobre todo desilusiones, porque jamas conseguimos nada de lo que proponíamos.  pero yo seguí perseverando recordando que venia de muy atras y no tenia porque detenerme en este punto. 
Una vez me llamo el gerente de la compañía donde trabajaba como obrero para darme un premio por buena producción y puntualidad. Entre a su oficina lujosamente amueblada, detrás del gran escritorio el estaba sentado en su cómoda silla de ejecutivo y me recibió con una amplia sonrisa diciendo que yo era un buen ejemplo para mis compañeros, yo pensé  grabando en mi corazón ese momento “algún día yo voy a estar del otro lado del escritorio, ocupare ese lugar y entonces si voy a creer que soy un ejemplo para mis compañeros”
Por supuesto la relación con mi novia se rompió, seguí mi camino y podría decir que luche arduamente por labrarme un futuro mejor, la verdad es que me resulto fácil, después de ser campesino y obrero, el estar como empleado administrativo aprendiendo cosas que me parecían muy interesantes me resulto agradable, disfrutaba realmente de mi trabajo, del ambiente limpio y ordenado, de la comodidad y relaciones que se establecían en las oficinas donde ascendí rápidamente, tal vez porque mis jefes confundieron mi placer de trabar ahí con la eficiencia.
Claro que llegaría a ser el del otro lado del escritorio, pero de eso contare otro día. Por lo pronto les quiero decir que no se crean de las condiciones y de los paradigmas, el cambio se puede lograr con la disposición a lograrlo.

Gocen intensamente su juventud, miren con optimismo el futuro, hagan lo posible para alcanzar sus sueños y crean en el amor , después de todo es algo que le da un sentido especial a la vida.


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