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lunes, 7 de abril de 2014

El demente y la tormenta


El demente y la tormenta:

La tormenta se aproximaba, el viento rugía con fuerza al pasar entre el follaje de los árboles y los hacia doblarse ante la magnitud de su fuerza, los cristales del hospital vibraban, las cortinas de las ventanas que aun estaban abiertas flotaban ondulantes tratando de escapar de los sostenes y algunas puertas se cerraron con fuerza causando inquietud entre los pacientes mientras el personal se apresuraba asegurando cuanto estuviera expuesto a la fuerza del vendaval; pero el Demente parecía disfrutar del acontecimiento, sus ojos brillaban con la luz de la emoción y se notaba en su rostro la alegría que le causaba presenciar la llegada de la tormenta desde el cuarto piso del edificio, observando cada detalle, interpretándolo a su manera , contagiándose de esa energía desatada que llegaba de todas partes y envolvía al mundo en la gris cortina de agua que parecía no tener fin.
Se dijo a si mismo:
¿Cuantas veces las tormentas se anuncian y nadie hace caso?, las señales son claras y sus manifestaciones conocidas, pero se ignoran las advertencias pensando que solo se trata de un pequeño chubasco, el resultado es trágico y doloroso, después vienen las acusaciones y las quejas. Nadie quiere ser responsable de sus propios actos, lo demás son los que tienen la culpa, ¡pero mi niña!, si usted esta viendo la clase de individuo que era el que la andaba pretendiendo, ¿Qué otra cosa podía esperar?, un tremendo huracán arrasa su vida en un instante, y lo mismo para mi hijo consentido, ¿Qué se espera de esa mujer? , Tiene fama de coqueta y no sabe ni poner a hervir agua pa’café porque se le quema, como decía la abuela " chiquitico que se le viene la tormenta encima y usted no le hace caso".

Yo por eso prefiero estar loco, las tormentas las veo a lo lejos, las disfruto sintiendo su fuerza en mi rostro, su violencia circundando sin que me pueda hacer daño, sin que me toque siquiera, ella y yo somos iguales, arrasamos con los de frágil naturaleza, doblamos a los que se tienen por fuertes, castigamos a todos por igual con nuestra lluvia y furia inclemente, no hay un momento en que no se sienta nuestra presencia cuando llegamos de sorpresa azotando, arrastrando, tirando lo que no este bien firme.

Las alegorías me gustan, y cuantas verdades se pintan con ellas, como las de esas doncellas que se adentran en pantanos creyendo que sus vestiduras no se han de manchar, mas tarde se hunden en el lodo, se pasan la vida penando por un momento de aventura, miren que la calentura no es buena compañía cuando se sale de noche o se pierden de día. Cuando menos lo piensan están en medio de un tornado que les hace girar y convertir su existencia en un caos, seguramente los padres no tuvieron la precaución de enseñarles que no hay que meterse en un ciclón nada más para experimentar.

La familia del novio esta constantemente en problemas, cuando no son familiares, son legales, con los vecinos, en asuntos laborales, o con sus propios complejos y traumas; ¡mire mi alma, vea bien lo que hace!, que la tormenta se anuncia para que uno se tape, no para andar corriendo a buscarle ni para andar pretendiendo cambiarla por terrones de azúcar. Eso es ser entupido al cubo, que digo al cubo, a la enésima potencia si que eso existe.

Por eso prefiero ser un demente, mis fantasías no tienen esos riesgos ni esas complicaciones trágicas y dolorosas, elaboradas a mi antojo las pinto de colores claros para no inquietarme, ¿para qué agitarme estando esto tan calmado?, salir del nosocomio me pondría a merced de las tentaciones, siempre hay una que parece perfecta, que no tiene ninguna falla, es la que enviaron del cielo para cubrir los anhelos y hacer realidades los sueños. ¡Pero sorpresa señores y señoritas¡ que las cosas bonitas no siempre son las mejores, hay flores venenosas, existen los depredadores y las tormentas lo agarran a uno a la mitad del campo cuando mantiene los ojos cerrados, la mente en una bandeja llena de mermelada.

Ni que decir de los que piensan en ser los grandes señores de la jungla, dominar a otros changos, patear al león y dormir con la pantera, cuando menos lo imaginan les están cayendo encima las primeras gotas de un fuerte chaparrón, pero esta vez no para alegrarles el corazón, sino para recordarles que se metieron en terrenos peligrosos y que ahí los mas cremosos son los que siempre ganan. Poder, dinero, mala combinación compañero si ustedes les quiere apostar.

Yo por eso soy demente, no ambiciono ser presidente ni gobernador, mucho menos dirigente de sindicato o vender barato mi intelecto a los que hablan de arte sin saber lo que eso significa o mi cerebro, a los que dicen ser conocedores de la ciencia mientras sirven a los que juegan con la vida y hacen negocio con la muerte.

Toda ambición, todo deseo tiene la potencia necesaria para desatar un huracán, es cuestión de tiempo, de espacio, de fecundación, cuando se torna inmenso adquiere las características que se pueden apreciar en el monzón, dejando a su paso angustias, dolor, destrucción, lamentos que ya no tienen lugar, porque es bien sabido que lo que mas daño a causado al hombre ha sido su ambición y su egoísmo.

Yo domino la tormenta, la convierto en pasajero en mi viaje al mundo nuevo que construyo cada noche, me envuelvo en sus niveles, canto con sus ráfagas de viento, platico con sus lluvias y me empapo con sus arrebatadoras energías para convertir la vida en una fantasía, la mentira en una verdad, porque hay locos que no admiten estarlo, hay dementes que se niegan a entrar a mi fiesta.
El demente.

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