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viernes, 6 de marzo de 2015

De la Gloria al infierno

    Desde niño mi padre me enseño a defenderme, él había practicado el pugilismo en su juventud y pensó que era bueno que yo tuviera practica en tirar golpes, en detenerlo, porque era parte de la vida tener que enfrentar a otros. Me advertía que era un entrenamiento para la defensa, no para agredir y que tuviera en cuenta que los puños podían hacer mas daño del que imaginaba.  Eso lo reafirme en la practica, porque varias veces enfrente a quienes trataron de lastimarme o lastimar a mis hermanos menores incluso para defender a un amigo.

 en cierta ocasión pelee con un niño durante mas de una hora, todo empezó porque me lanzo  una piedra que me pego en la pierna, no fue un golpe fuerte pero suficiente para que le reclamara,  el me insulto y de ahí pasamos a los golpes, el también estaba entrenado seguramente, porque hacia los movimientos correctos , se defendía perfecto y tiraba golpes como de todo tipo.   La pelea atrajo a curiosos, entre los cuales llego un vendedor de paletas que en su carrito tenia colocadas campanillas para anunciar la mercancía, rápidamente se convirtió en referí, en tomador de tiempo y promotor de tal manera que marcaba principio y fin de los rounds y fue quien, después de mas de una hora de combate decidió el empate y nos obsequio una paleta a cada uno.

 Entonces era un chiquillo y las peleas me parecían emocionantes, divertidas, algo que me llenaba de satisfacción al ver que podía salir vencedor o hacerme sentir el dolor físico sin que hubiera mayor consecuencia, pero conforme pasaron los años comprendí que era cada vez mas peligroso, había quien buscaba la revancha, la venganza planeada de forma alevosa, valiendose de otros para perpetrar una golpiza y provocar serios daños.

    Durante mi estancia en el orfelinato ese entrenamiento me fue muy útil, defender día a día la posición, el que mas de ochocientos niños convivían no era fácil estar tranquilo, desde la primera hora en esa institución me enfrente a quienes eran agresores por diversión o porque sus mismas frustraciones y malos tratos los convirtieron en seres violentos, faltos de cariño y de atenciones .

   La primera noche la pase matando chinches y rascando piernas y brazos y cuanta parte alcanzaba hasta que me sorprendió el toque de la trompeta anunciando la hora de levantarse e inmediatamente la voz del teniente gritando " listos para sacudir, uno!  comprendí de inmediato que a la voz de tres empezaríamos a sacudir las camas, lo cual se hizo con tal sincronización que se escucho como un cañonazo.  setenta niños dejaron caer al unísono la cobija sobre el colchón, y siguieron el ritmo golpeando hasta que se escucho la orden de parar.  "altooo , yaaa! "

  las tareas de aseo se iniciaban en cuanto se tendía la cama estirada la colcha de tal forma que pareciera que era un lecho parejo, cuando en realidad eran camastros viejos hundidos en el centro.
Cada uno conocía su labor, lo hacia en silencio y rápidamente, el dormitorio quedaba reluciente en menos de una hora y hacíamos fila para marchar al comedor para desayunar.  El paso siempre tenia que ser parejo, una equivocación era reprendida con un golpe de parte del teniente y tal vez con un castigo para toda la compañía, un plantón de mas de una hora por la noche.

 El comedor era frío, con mesas largas que contenían a diez alumnos de cada lado en bancas de madera, los platos y tazas de aluminio con huellas de múltiples golpes en años de haber sido utilizado. solamente una cuchara por interno para todos los alimentos, un bolillo al que  denominaban "marro" por lo duro, una porción de frijoles donde aseguraban se cocinaban las ratas que caían en el perol y un taza de cafe con leche , al que nombraban "chefere"
   apenas estaban sirviendo la ultima mesa cuando en  la primera ya estaba alistados para salir del comedor, nuevamente en fila y con la marcha tipo militar, nos conducían al patio y nos dejaban descanso mientras llegaba la hora de entrar a clases.
por la tarde, recreo una hora,   entrada al comedor por compañía en marcha militar, salida al dormitorio,  una hora de taller, descanso en las galeras, dos habitaciones de cinco por cinco metros donde nos apiñábamos los que no asistíamos a taller, algunos sentados en los quicios de las ventanas enormes con barrotes de hierro sin pintura y sin vidrios.  El edificio en conjunto no tenia vidrios, aunque la parte externa se mantenía bien pintada y las oficinas que daban al frente aparentaban ser una construcción digna.

    el ambiente, los castigos, la alimentación, la falta de cariño, la continua lucha, eran un verdadero infierno y entonces recordaba la vida en casa de mi padrino donde sus tres hijas y su esposa me amaban , me mimaban y me hacían sentir que la vida era una fiesta.

Cada fin de semana salíamos de paseo fuera de la ciudad, nos bañábamos en aguas termales, hacíamos recorridos en lugares interesantes, pero realmente me divertía   mas en la casa, porque era enorme y adjunta al negocio de venta de materiales para la construcción  y el taller de vestidos de china poblana propiedad de los padrinos. Era un verdadero paraíso, con los cerros de arena y graba, las pilas de ladrillo, combustibles, la bodega de leña, los telares, hilos, lentejuelas, imanes y agujas que servían para mis juegos , dando rienda suelta a mi imaginación, dejandome en entera libertad para hacer y deshacer, porque de verdad era un niño consentido.

   recordaba, como jugaba con los perros, El Chincolo y el Nerón, toreandolos con los trapos que ponían en su perrera, corriendo por todo aquel conjunto de pirámides, de montañas, de construcciones que con la imaginación infantil se pueden formar a partir de montones de arena o graba, con una pila de ladrillos o costales de cemento y cal.
  La imaginación me había servido para los juegos, ahora me servia para escapar de ese infierno, de esa prisión que me puso en posición de comprender lo que significa la libertad y para reconocer el sufrimiento de quienes por cualquier causa son sometidos al encierro.

   No recuerdo haber orado, tal vez pensaba que Dios no podía entrar en ese sitio, tal vez en medio de aquel torbellino violento me preocupaba por el siguiente instante y cuando caía por la noche en el camastro estaba demasiado cansado para hacerlo.

        Todo pasa, un año después, cuando mi madre nos pudo rescatar, fuimos a vivir a un pueblo tranquilo donde la gente nos recibió primero con recelo y después nos ofreció cuanto pudieron para que nos sintiéramos cómodos, incluso nos pagaron por cuidar una casa grande, con un jardín lleno de rosales, un pozo de agua cristalina, amueblada y bien construida.
  A mis hermanos y a mi nos contrataron para hacer labores en el campo, cuidar de los animales, limpiar pesebres y fueron los tiempos mas felices que puedan imaginar, mientras caminábamos por el llano, nos metíamos en las zanjas a juntar berros y acociles, arriábamos vacas, cosechábamos o laboramos en los surcos de grandes milpas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista.
  La mayor parte del tiempo que pasamos en ese pueblo mis hermanos cuidaron del ganado en el llano inmenso donde jugaban, montaban novillos, aprendieron a montar el caballo a pelo, se llenaron de tranquilidad y belleza, de sol, lluvia, aire puro que fue borrando los rastros de ese tiempo en el orfanato y lo mismo sucedió conmigo.
    Sin darme cuenta reía como antes y disfrutaba de la misma forma como en casa de mi padrino, tal vez mas, porque ahora tenia una manera de valorar en toda su extensión lo que significaba la libertad, la belleza, la amistad, el amor.  Fue como pasar haber pasado del paraíso al infierno y retornar al Paraíso con el conocimiento de lo que eso significaba.

   Fue la época en que al volver de las labores del campo, mientras caminaba por el sendero rumbo a casa admirando la naturaleza que me rodeaba y viendo al sol esconderse poco a poco en el horizonte cuando empece a orar al agradecer a Dios tanta bondad, tenia que hacerlo, teníamos un lugar magnifico para vivir, pan en la mesa,  no hacia falta nada, estábamos juntos y mi familia estaba feliz.
 
  Han pasado años y he vivido diferentes acontecimientos, circunstancias que algunas veces me hacen sufrir intensamente y otra gozar a plenitud, comprendiendo que somos los hombres los que hacemos en este mundo infiernos o paraísos.

   enlace a buscador espiritual 
 enlace a la unión por amor

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