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lunes, 28 de noviembre de 2016

Religión

Las distintas religiones han intentado monopolizar a Dios, han creado ritos que les confiere un grado de misterio y relevancia ante los devotos que creen en la salvación al cumplir con lo que cada una de ellas dicta como necesario para alcanzarla y la mayoría tiene el mismo principio y significado, persiguen el mismo objetivo, se levantan grandes templos, se acumula riqueza, se obtiene poder, influencia en el control social, en el acontecer político de tal forma que incluso han sido causantes de grandes guerras y muchas muertes.
  El fanatismos es un constante peligro, algunos devotos se convierten en jueces implacables y no aceptan ni críticas ni otras perspectivas de lo que puede ser Dios o como venerar, su fe se convierte en una enfermedad, una alteración mental que les hace ver como enemigos y blasfemos a quienes no están acordes con sus creencias, eso nos ha conducido a tragedias difíciles de borrar, tortura y crímenes, se hicieron en nombre de Dios.

   Cuando tengo fe en Dios con creador de todo cuanto existe no tengo que pertenecer a ninguna religión en especial, el está presente en cada partícula y no necesita templo para adorarlo ni rezos ritos para salvar mi alma del infierno, es responsable de mi existir, solo tengo que agradecer la oportunidad de estar aquí, pero si me me pregunto de donde salio Dios entonces me enfrento con un gran dilema y no tengo respuestas, lo mismo sucede si por el contrario acepto que fue la evolución la causa de que yo exista, la pregunta es quién y cómo  inició tal proceso .
No tengo la capacidad para comprenderlo, ni siquiera he podido entender en su totalidad como esta compuesto el universo, ahora con las nuevas teorías cuánticas se hace notoria nuestra ignorancia ante muchos misterios que aun nos mantendrá ocupados durante siglos intentando desentrañar cada uno de sus elementos, porque eso nos distingue, la perseverancia para revelar aquello que nos intriga.

Retornando al tema de la religión, es obvio que no somos tan creyentes como lo proclamamos, de ser cierto nuestro comportamiento  se ajustaría  a las doctrinas de los grandes iniciados que dictan la humildad, la bondad, el perdón, la caridad, el amor como parte fundamental de su práctica, las evidencias nos abruman demostrando que estamos lejos de ser algo parecido, nuestros objetivos están acordes con la economía, el mercado, la política, o nuestros intereses personales, dejando solo para ocasiones la práctica de normas morales religiosas.
Dicen que ahora nuestro Dios es el dinero, lo adoramos y sacrificamos cuanto sea necesario para obtenerlo, no creemos ser felices si el, hay quienes se han suicidado al perderlo, muchas muertes y guerras se hacen para alcanzar la riqueza y es la miseria lo que mas teme el hombre que se arrastra , se humilla, se corrompe por acceder a esos bienes que dan prestigio y poder.
Los que alcanzan mayor riqueza son venerados, se les abren todas las puertas, a su disposición se pone cualquier cosa que deseen pasando a ser los grandes sacerdotes de un culto que predica la avaricia, la ambición desmedida como principal norma.  Esa religión tiene inmensos templos en cada rincón  de la tierra, bancos, casas de bolsa donde las inversiones son como un rezo que se repite sin descanso para alcanzar la salvación en el mercado, cada creyente con devoción atiende las variaciones y sufre con las pérdidas o se alegra intensamente con las ganancias sin importar quienes han sido afectados ni de que forma. Oro, diamantes, recursos naturales, incluso personas se compran y venden, se inmolan millones de seres para obtener buenos dividendos, las mentes se mantienen absortas en este juego de riqueza y poder, los mantras repetidos son compro o vendo en muchos idiomas.
Parece que no hay escapatoria, la oferta y la demanda controlan la vida de ciudadanos, hombres y mujeres son parte de mercado en el que tienen que capacitarse para obtener mejores condiciones, nadie quiere quedar abajo, la competencia es intensa y se vale cualquier recurso para ganar, no hay reglas que no se rompan ni elementos que impidan que el torneo se desarrolle, cada uno utiliza sus mejores armas, inteligencia, fuerza, astucia, brutalidad o incluso crimen, hay que seguir ganando ese es el objetivo.
Demasiado cruel es el mundo construido bajo esas normas, el libre mercado ha esclavizado a las personas, les ha dejado a merced de sus propios instintos y pasiones, le confronta con sus valores y les enfrenta con sus sueños de vivir felices y tranquilos, como puede eso suceder cuando tienen que luchar cada día con sus vecinos, amigos y familiares para tener lo que necesitan o que creen es indispensable para su vivir.

Ustedes saben perfectamente de lo que estoy escribiendo, lo expresó a mi manera, pero cada uno puede traducirlo a su propio criterio, el resultado es el mismo, estamos rematadamente locos al seguir ese comportamiento. Acaso no es la sencillez una manera de hacer que la vida sea mas fácil, entre mas deseo mas me complico la existencia, entre mas poseo menos libre soy, entre mas lucho menos tranquilo  puedo vivir, es lógico, elemental, cualquiera comprende que no puedo hablar de paz mientras compro armas y tampoco puedo hablar de libertad cuando estoy acumulando bienes a los que tendré que brindar mi constante atención y defender contra la ambición de quienes me los desean arrebatar.
Nuestra religión tiene que estar fincada en la fe en algo superior porque no somos capaces de enfrentar con responsabilidad nuestros actos, queremos culpar o pedir bendición para lo que hacemos a quien no podemos tocar ni ver, a quién no podrán juzgar los enemigos ni condenar los que no crean en el.
Es mas sencillo decir , porque Dios así lo quiso, que aceptar que yo no hice lo correcto, Dios lo permite entonces es aceptable, buena justificación la que encontramos, pero no es válida porque nuestra conciencia nos acusa cuando actuamos incorrectamente.

Si de verdad deseamos practicar una religión, iniciemos con la humana, tal vez alcancemos a la divina si nos esforzamos en ver que en cada detalle del universo existe un mensaje de que nos dice con claridad cómo es Dios, pero eso cada uno lo tiene que comprender porque muchos han sido los predicadores, sus palabras han resonado en el tiempo y el espacio pero no han cambiado el proceder del hombre.



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