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martes, 7 de marzo de 2017

Carta al cielo

   Cuando he decidido escribir esta carta estaba pensando en eventos y personas de distintas épocas, mezclándolas como si fuera un juego en el que no hay referencias exactas de espacio tiempo, un reloj sin mecanismo, detenido eternamente esta al fondo de la mente, como marco de un escenario donde transcurren tragedias, idilios, paseos entre sombras, noches con luces de luciérnagas, en un bosque donde solo se escucha el silbido del viento, el canto de los grillos, el correr de agua de algún arrollo que   cae en pequeñas cascadas, serpenteando, regando la tierra.

    Los niños van al colegio apenas despunta el alba, frío es el clima, las madres procuran abrigarles adecuadamente, saben que permanecerán  sentados en un salón donde la calefacción no existe, horas mirando una pizarra , escuchando la voz de un maestro que dice cosas extrañas, que no hablan de Dios ni de ángeles, de paz y felicidad o de fantásticos seres que aparecen en los cuentos , sino que hacen referencia a números y letras, a historias de conquistadores, de guerras que nunca terminan, de ambiciones, palabras que dejaron su significado en algún libro, que se convirtieron en alusiones y pretextos, justificaciones para toda clase de atropellos, los niños están expuestos sin defensa, aprenden lo que sus padres aprendieron, se entrenan en las mismas cosas que han  condenado al mundo sin remedio.

Los hombres y mujeres al trabajo rutinario, la misma senda que se recorre cada día, los mismos rostros, las maquinas, escritorios, despachos, oficinas frías, jefes mal encarados, las exigencias que se acumulan, el torrente de ordenes, las cascadas de reclamaciones, la tensión de cada jornada siempre hasta terminar el día con el deseo de que eso alguna vez se termine, que exista algún evento que cambien su vida, que les de un motivo para creer que vale la pena tanto esfuerzo.

las casas vacías, los aparatos electrodomésticos esperando, el buzón se llena de cobros y propaganda, los vecinos se miran con indiferencia, algunos incluso con hostilidad que no tiene sentido, es la enfermedad de la desconfianza, el virus de la envidia o del rencor que se ha cargado durante muchos años sin que se hayan percatado del mal que les esta causando, no hay remedio, los médicos no se preocupan por estas cosas  a menos que se traduzcan en violentos actos, en atentados contra la integridad física del afectado o de otros que no entienden que ha sucedido hasta que se ven en el hospital con graves heridas, hasta entonces se percatan de que siempre les han atormentado las sirenas de patrullas y ambulancias, los noticieros con sus notas llenas de violencia, de locuras que provocan angustia.

En la cúspide banqueros, políticos, grandes empresarios, con séquito de aduladores, ejércitos mercenarios entre la corrupción y las adicciones, en un mundo de vanidad donde vende y se compra cualquier cosa mientras se juega con el mundo ajustando precios, especulando con la vida , con la religión o presionando a un país con sanciones, con guerras que se hacen sin reglas o bajo la supervisión de organismos internacionales que dan cuenta de las atrocidades para dar realce a una masacre que nunca termina, a un genocidio disfrazado de campos para refugiados, de oportunidad de trabajo en los campos, las minas, las denigrantes tareas que nadie desea y de esa forma defendemos a los niveles mas bajos de la sociedad.

Líderes que se creen inteligentes, sabios que no entienden ni la o por lo redondo, locos que se encumbran en el poder, asesinos que controlan grandes grupos, la demencia reina en las sociedades, la humanidad se ha perdido, Dios es solo un objeto de especulación, un icono para control social, una palabra en el dinero que al final se convierte en la verdad suprema.

En esta carta expongo solo algunos de los desastres que hemos creado en el planeta, la intervención Divina nos parece una leyenda, no hay lugar para los milagros, ni tiempo para la oraciones con devoción, con agradecimiento por la vida, porque la existencia la hemos convertido en un infierno, en un castigo que se inicia al nacer y termina al morir, siendo esclavos de nuestros deseos, ambiciones, egoísmo, nos hundimos en el fango, estamos cavando día a día nuestra tumba.

   Espero que esta carta llegue al cielo y se ponga remedio prontamente, de lo contrario exterminaremos toda vida en el planeta, se perderá para siempre la belleza de un mundo que no supimos apreciar, que lo hemos destruido irracionalmente, con cinismo, dejando de lado el respeto que se debe a lo que no es nuestro, porque ciertamente llegamos aquí como invitados.
     Hemos demostrado que no tenemos la capacidad para controlar nuestros instintos destructivos, cada avance que hacemos lo manchamos al aumentar los mecanismos de muerte y desgraciadamente, el perdón no merecemos.

Alguna vez tuve la ilusión de que las cosas cambiarían positivamente, que el hombre encontraría por medio de la ciencia, la tecnología, las artes, la búsqueda de la perfección espiritual un camino o varias sendas que conducirían a la armónica convivencia, a la justicia que propicia una distribución adecuada de los bienes dando a todos la oportunidad de vivir plenamente.

   Creí que en algún momento la paz reinaría en el planeta, grandes proyectos para mejorar la vida se realizarían en conjunto, se planearía adecuadamente la construcción de ciudades donde los servicios estarían a disposición adecuadamente, erradicando la pobreza, desempleo, falta de servicios médicos o educativos, dando oportunidad al desarrollo de las mejores cualidades en los hombres.

Daba mi mejor esfuerzo al estudiar, al laborar, al planear cosas que podían mejorar a mi comunidad, pero constantemente me enfrentaba a la negligencia, la incapacidad, mas que nada, a la apatía que era epidémica  con una capacidad de contagió increíble.  El tiempo me demostraría que estaba fuera de la realidad, las cosas estaban cambiando pero no para bien, la violencia y la maldad crecían, la corrupción se desbordaba, intentar hacer las cosas honestamente era una constante lucha y cada vez me aislaba mas de quienes proponían caminos al éxito de manera rápida.

 Hoy puedo decir que no me equivoque, puedo caminar tranquilamente por la calle sin guarda espaldas, sin preocuparme por encontrar alguien que me reclame algún acto ilícito, pero sobre todo porque vivo de manera sencilla, tranquila, recordando como se fueron ya muchos de los que decidieron ir por sendas torcidas, pero por increíble que parezca los extraño, me gustaría compartir con ellos, escuchar sus bromas y risas, interminables discusiones .
¿Que me dirían ahora que el mundo esta al borde del precipicio? casi puedo escucharlos decir que " a río revuelto, ganancia de pescadores"  abordar los temas desde la perspectiva de los grandes negocios que se pueden hacer ahora con la venta de armas o de drogas, prostitución, apuestas, inversiones seguras en negocios riesgosos, porque la vida se juega con la baraja que va presentando cada instante.

   No me deje envolver en esos argumentos, afortunadamente era demasiado obstinado, idealista que deseaba que entendieran que había otras alternativas, ellos se burlaban, tenían razón, sus predicciones han sido demostradas, no puedo rebatirle, pero ya no están para verlo, lo predijeron porque eran objetivos, su razón no se dejaba engañar por las ilusiones, ciertamente solo somos hombres, somos imperfectos, nuestros instintos animales muchas veces prevalecen, la razón se esconde, la humanidad se diluye ante los deseos,  deseos que nunca quedan satisfechos del todo, muchas veces sentí miedo por eso, era tan vulnerable , tenia que luchar tanto para controlarme, no siempre lo lograba y eso aumentaba el temor de perder la ruta.   Aquí estoy, creo que he recorrido la mayor parte del camino, aun sigo alerta, siempre hay una tentación, es parte de la emoción de vivir.

    Si esta carta llega al cielo, quiero que sepan aquello que se me adelantaron, que no hay mucho que se hayan perdido, las cosas siguieron el curso normal, se ha deteriorado el mundo al grado de pensar en la extinción, me alegro de haberles conocido y compartido parte de mi vida aprendiendo de cada uno algo que me ha servido para seguir adelante, para creer que hay un Dios que me ha protegido en los momentos mas difíciles, estoy seguro que ahora ellos están en su reino por el perdón que ha sido prometido, me alegro mucho por ello.

 

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