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viernes, 24 de marzo de 2017

Ciudadano de la Tierra

Soy un hombre de la tierra, supuestamente humano, depende de cómo se interprete la palabra, en el sentido extricto no cumplo los requisitos, no puedo hablar por otros, tal vez existan algunos que si entren perfectamente en la definición, pero soy escéptico al respecto porque el comportamiento de mis congéneres es distorsionado por una serie de particularidades exclusivas de nuestra especie.

   Se puede notar que somos extremadamente destructivos y agresivos, demostrando a lo largo de la Historia, que no hay forma de frenar nuestra estupidez, siendo los principales protagonistas en interminables conflictos, iniciados con los mas diversos pretextos, la ambición siempre presente, la discriminación, pero sin duda el deseo de autodestruirse en el fondo de las acciones.

   Opiniones diversas hay al respecto, los científicos en varias ramas, los sociologos, psicologos, psiquiatras, se han devanado los sesos intentando encontrar respuestas que conduzcan a resolver el dilema y terminar para siempre con esa enferma conducta que afecta al planeta entero.  No ha sido posible, el poder destructivo aumenta conforme se avanza en otros campos, cualquier conocimiento puede ser utilizado como arma, un elemento defensivo o de ataque, sin ninguna consideración cuando se trata de obtener poder, riqueza , prestigio .

El lenguaje cae también dentro de este ámbito,  cualquier interpretación equivocada o distorsionada desencadena una serie de acontecimientos desastrosos, ya sea en lo judicial, político, social , laboral o incluso familiar, el caso es tener algo porque discutir y pelear hasta las últimas consecuencias, muchas veces trágicas.

    No es posible evadir los continuos ataques, los hombres nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo de locos donde la agresividad es alabada y los psicópatas controlan grupos de seguidores que ven la oportunidad de dar rienda suelta a sus propios instintos destructivos, de tal manera que no conocemos la paz en el mundo.
Siempre hablamos de esa paz, ansiamos conocerla, experimentarla, creyendo que de esa forma encontraremos la verdadera felicidad, pero estamos lejos de saberlo, porque nuestra existencia transcurre en constante lucha con vecinos, compañeros de estudio o trabajo, con delincuentes, corruptos funcionarios  , por si fuera poco , con miembros de la familia que no aceptan nuestra forma de ser.

   Quien no aprende a defenderse o desea permanecer tranquilo ante los acontecimientos que suceden en su entorno ya se puede dar por aniquilado, de una u otra forma será relegado a los más bajos niveles de la sociedad, se le impondrán duros castigos, los insultos, la discriminación, la soledad y pobreza están en su camino.

Nuestra educación se basa en la competencia, los más aptos, o mejor dicho, los que mejor se adaptan a este sistema en el que se puede humillar a quienes consideramos adversarios y que son todos aquellos con los que competimos por una calificación, un premio u cualquier cosa, no importa cómo, tenemos que ganar, porque es la manera de ir escalando a los niveles altos donde se encuentran los que han sabido aprovechar las condiciones, los que no se interesan por lo que suceda a los perdedores, porque el éxito le ha de proporcionar riqueza y poder, el prestigio , el reconocimiento que alimenta su ego y les hace sentir eufóricos, capaces de conquistar el mundo.

Bajo este sisteme donde los paradigmas están sujetos a distorcionados conceptos de lo que es el éxito, dando pie a que se abran brechas entre los ganadores y perdedores que no pueden cerrarse por la sencilla razón de que no se comprende la gravedad del problema, no hay muchas oportunidades para encontrar nuevas formas de educar a las futuras generaciones, veo con desilusión que cualquier intento por lograrlo ha de chocar con la infranqueable barrera de la condición genética que tiene grabada la agresividad como uno de sus principales componentes.

Ya se ha intentado en algunas ocasiones realizar experimentos para educar a grupos seleccionado de una forma distinta, cayendo en el error de querer apartar a determinados sujetos y convertirlos en prototipos ejemplares, en personas que con cualidades que los distingan de otros, proporcionándoles un ambiente cultural y una educación moral esmerada.  Puede adivinar el resultado sin mucho esfuerzo, los individuos  que se educan de esa manera son unos inadaptados, no tienen lugar dentro de sociedades donde se respeta a los agresivos, a quienes demuestran tener la fuerza y el poder para elevarse por sobre los demás, no se quiere líderes que sepan demasiado y que se comporten muy bien, sino a los que pueden luchar con las mismas armas que los enemigos.

   De poco sirve comprenderlo, se darán cuenta que no hay una solución fácil, tal vez en el futuro encuentren algo que cambien nuestro comportamiento, no me ha tocado verlo.

Me he  conformado con lo que soy, aprendí a ser un hombre como los demás, no hay problema, salí adelante y estoy al final del camino, pero lamento de verdad haber tenido que ganar a costa de otros, de ser un animal que sus instintos prevalecieron por encima de la razón en muchas ocasiones y que siendo un vencedor no pudiere dar mas a quienes conmigo compartieron la vida , no importa, la competencia termina con  la muerte , seremos compañeros  en la eternidad.


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