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lunes, 6 de marzo de 2017

el gran viaje

En el autobús que me transporta a la escuela voy pasando por distintos sitios conocidos, calles, edificios, comercios me son conocidos, pero la gente siempre me parece distinta, son protagonistas de la misma historia en la que yo estoy inmerso y sin embargo no tenemos mas relación que la que impone el diario acontecer en esta ciudad, compartimos el mismo aire, los mismos problemas, los mismos eventos, incluso podemos tener relación con algunos profesionistas, técnicos, mecánicos , maestros que nos han atendido sin que haya un contacto directo entre nosotros, somos los desconocidos que se mantienen en el mismo ambiente, que viven de la misma forma consumiendo y actuando en una obra que no entendemos del todo, que se va modificando día a día .

     Miro a las chicas pasar y me pregunto cual de ellas puede llegar a ser mi amiga, novia, esposa, la compañera de mi vida, tal vez este haya pasado varias veces a mi lado, tal vez este ahora ahí entre esa multitud que se mueve en distintas direcciones, haciendo toda clase de cosas, siguiendo su propio rol en la obra va conformando la tragicomedia de la vida.

El autobús avanza, al frente el futuro incierto, no se que nos espera en la siguiente cuadra, el pasado se va quedando atrás, nuevos rostros aparecen, por un momento forman parte de mi entorno y luego desaparecen quedando en el olvido, en un espacio tiempo que se va, que se queda tal vez en el inconsciente como una película que se ira borrando con el tiempo.

     Las personas que abordan el autobús me son familiares, se ha repetido su acenso y descenso durante meses, a la misma hora viajamos por la misma ruta, pero no mantenemos mas relación que la de compartir durante unos minutos el mismo espacio tiempo con objetivos distintos, cada uno tiene su tarea, su misión  que se cumple de manera rutinaria y me admira que ni siquiera nos brindemos un saludo, tantas veces nos sentamos juntos, observamos las mismas cosas y no somos capaces de comentar ni siquiera los incidentes que suceden durante el viaje, platicar de los últimos acontecimientos importantes en nuestra sociedad, en el entorno que compartimos diariamente, somos pasajeros desconocidos, viajeros en una nave que nos conduce a nuestro destino y perdemos la oportunidad de conocernos.

Por eso decidí platicar con quien se vaya sentando a mi lado, en el trayecto cambio dos o tres veces de compañía, tal vez sea la señora bonita que tiene canas en las sienes, el señor con aroma a gasolina, tiene que ser un mecánico, también hay un hombre que parece traído de la edad de piedra, tosco, con las cejas muy pobladas, la barba crecida, de mirada agresiva, de voz profunda que he escuchado cuando pide la parada, porque nunca utiliza el botón de timbre, tal vez ni siquiera ha notado que existe.

   La primera que se sentó junto a mi fue la de los pies bonitos, siempre utiliza sandalias con adornos tipo Arabe, o al menos eso me parecen por las piedras de colores que luce en unos pies bien cuidados, sus uñas pintadas, son pies de princesa, me digo a mi mismo, despide una aroma agradable, su piel es morena clara, sus ojos cafés, grandes, en un rostro que es hermoso,  limpio y sereno, ha de ser de mi edad mas o menos y eso me anima a darle los buenos días e iniciar la platica ¿ al trabajo o a la escuela?
- al trabajo, soy educadora, y tu ?
de esa forma iniciaron las platicas del autobús con pasajeros que durante mucho tiempo fui conociendo, algunos eran muy simpáticos, extrovertidos, otros eran reservados, como si hablar les costara un triunfo, tal vez porque desconfiaban hasta de su sombra o porque estaban acostumbrados al silencio mientras viajaban en el camión.


hoy después de muchos años he recordado esos viajes, años recorriendo la misma ruta, con las estudiantes de enfermería que bajaban dos paradas antes que yo, con el mecánico que tenia una amante que siempre lo espero en el mismo sitio, con la educadora que se hizo mi amiga, con el empleado de banco que se caso muy joven y se quería ir a recorrer el mundo, la señora que iva al mercado, la de las canas en las sienes que trabajaba en una tienda de telas deseando vivir en junto al mar, dejar esta ciudad para siempre. Un hombre de la tercera edad, como hoy les dicen, se sentaba siempre detrás de mi para escuchar las conversaciones, pero no intervenía al principio, después de unas semanas lo hizo, entonces las platicas se hicieron mas animadas porque el siempre tenia cosas interesantes que agregar, comentarios, anécdotas, consejos, de tal forma que los trayectos se me hicieron cortos y me sirvieron para ir conociendo mas de lo que es la relación personal, lo que significa en nuestra vida, algo muy importante que me ha servido para muchas cosas, porque los negocios, las reuniones de amigos, los eventos en oficina, escuela o en cualquier otro sitio siempre me han dado oportunidad de entablar conversaciones con personas que me han enseñado algo, bueno o malo, dándome  la oportunidad de conocer mas lo que soy en relación con los demás.

    hoy cuando viajo en el auto, también observo con detenimiento a la gente que cruza en mi camino, ya  no me pregunto quien ha de ser mi novia, mi esposa, mía compañera de la vida, ni siquiera quien puede ser mi enemigo o mi gran amigo, los veo con el gusto que proporciona saber que son parte de mi vida, que ellos tienen una historia interesante que  contar, que hay en cada uno algo importante, que contribuyen a formar este entorno donde yo actúo , sin que apenas notemos cuan iterrelacionados estamos; pero las cosas son muy distintas hoy en día, la desconfianza, la inseguridad crean sombras, dudas y la gente procura no hablar con desconocidos a menos que sea indispensable, siempre con reservas, cualquier información personal se guarda y las sonrisas solo se regalan a gente de confianza.

Para compensar esta falta de compañía, mientras manejo recuerdo a la mujer coqueta que diariamente subía al camión para alimentar su ego mientras las miradas de los pasajeros admiraban su figura y escuchaba murmurar "cada día esta mas buena" "con solo mirarla se me levanta le animo"  o al  hombre que bajaba despacio y subía rápido al transporte como si no quisiera llegar a su destino siempre descendía una o dos cuadras antes porque según nos comento, su suegra lo esperaba para cantarle una canción bien conocida que no le gustaba a el escuchar.
Había pasajeros que me gustaban para platicar y otros que los observaba siempre medio dormidos, enfadados o sin interés por lo que pasaba a su alrededor, como si soñaran despiertos o estuvieran muy preocupados "cada cabeza es un mundo" decía mi abuela, cierto sin duda, solo ellos sabían lo que pensaban.

El pasajero de atrás, el que siempre intervenir en las platicas desde el asiento posterior, me era en particular  interesante, tenia un humor en que mezclaba la ironía en las conversaciones, decía que los malos olores dieron impulso a la economía , la industria de los perfumes, de los desodorantes personales, caseros, incluso para el automóvil es una muestra, les aseguro ,que todo tiene un fondo y una razón de ser, porque los negros son terror de los blancos en las olimpiadas, la competencia entre las razas genera grandes sumas de dinero, el venta de artículos deportivos, gimnasios, organización de eventos, son una parte de ese movimiento dentro del que se acomodan las ventas de cerveza, cigarros, a nivel mundial, en cuanto a los delincuentes, buenos son para generar dinero a los que venden armas, principalmente a los gobiernos que hacen de la seguridad un gran negocio, hay tipos que se han enriquecido en la construcción  de centros de detención, o en la venta de uniformes, las aseguradoras se frotan las manos cuando la delincuencia aumenta, les puedo asegurar que detrás de un delincuente hay una organización que sabe obtener dividendos de su actividad. Los señores del dinero siempre encuentran formas de obtener ganancia aún a costa del dolor y de la muerte, porque del panteón no escapamos , las funerarias ganan un dineral, la venta de ataúdes y urnas no cesa, yo quiero tener un negocio de esos donde los clientes no fallan.   Nos hacia reír con sus conclusiones y lo hacia con una seriedad que pareciera no esta burlándose de lo que sucede en las sociedades humanas.

Ya no vivo en esa gran ciudad, ya no hago recorridos tan largo, raras veces subo al trasporte publico por necesidad, pero lo hago por gusto, porque aun me gusta platicar con esa gente que a diario tiene que seguir la misma ruta para llegar a sus centros de trabajo, de estudio, al mercado, a sus casas y siempre tienen algo interesante que contar y siento que la vida ha sido un gran viaje en un transporte que me llevo a miles de lugares, en el que conocí a muchas personas, presencie eventos, sucesos, soñé, fui feliz,  aun cuando las cosas no siempre fueron buenas, porque en el fondo hay algo que emociona, en la siguiente cuadra no se quien ha subir, no se en que semáforo la luz roja anunciara mi parada final.

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